El verano gasista llega a su fin: España nunca ha contado con tantas centrales de ciclo combinado

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El calor, la ausencia de viento y las exportaciones a Francia hacen que en verano casi el 33% de la electricidad se produzca con gas

Central de ciclo combinado en Soto de Ribera, Asturias.eloy alonsoef

El verano más caluroso de la historia. de España -Y Europa– También desató una tormenta perfecta en el sector eléctrico. El país, que ya tiene más potencia instalada en eólica que en ciclo combinado, tuvo que usar gas para generar electricidad a un nivel nunca antes visto: durante el período estival, aportó casi un tercio del total de toda la producción. Pero no es sólo la climatología la que está en el origen de esta situación, ya que desde la entrada en vigor de la excepción ibérica, Francia ha incrementado un 315% sus importaciones de energía eléctrica procedente de España y reducido un 85,75% sus exportaciones, de media. en comparación con 2022.

Las razones de este protagonismo gaseoso son múltiples, aunque están muy relacionadas con el calor. Para empezar, las altas temperaturas tensaron el sistema con mayores requisitos de refrigeración. Precisamente, las primeras medidas del plan de emergencia y ahorro de gas del Gobierno apuntaron los termostatos, a pesar de que los expertos creían que esta solución sería más eficaz, precisamente, en invierno, cuando hay una relación más directa entre la temperatura y el gas. Además, soplaba menos viento y sin fuerza para empujar sus aspas, los aerogeneradores no podían hacer mucho. La fotovoltaica también pierde su eficiencia en estas condiciones, aunque esto pueda resultar paradójico.

Así, en el mes de junio, las centrales de ciclo combinado aportaron la 27,9% cualquier electricidad; en julio, el 32,2%; en agosto, el 32% y en lo que va de septiembre, el 36,3% (El día 15 produjeron el 45% de toda la electricidad del país). Por su parte, la eólica no superó en ningún mes el 17,3% del total (lo marcó en julio) y la fotovoltaica fue inferior al 13,8% de junio en los cuatro. Y a esto hay que añadir el declive de la cogeneración -fábricas que utilizan gas para producir tanto calor como electricidad- que cayó tras la aplicación del techo ibérico, del que quedó excluida. Con el hidrocarburo a un precio muy elevado y sin beneficiarse de la compensación que han recibido las fábricas de gas, la actividad ha quedado prácticamente paralizada, aunque debería recuperarse ahora que el Gobierno ha rectificado y haz que se beneficien de esta herramienta.

Un verano marcado por el gas

A modo de comparación, durante el período de verano de 2022, la mayor contribución mensual promedio de gas estos son el 23,9% que añadió en septiembre, mientras que la eólica tuvo una contribución ligeramente superior y la cogeneración no fue inferior al 9,8%. La hidroelectricidad también jugó un papel más importante en un año en el que la demanda de electricidad era mucho más débil de todos modos, y las consecuencias de la pandemia aún se sentían.

En el último año antes de la crisis sanitaria, 2022, los porcentajes de generación se acercó a la de este año, con dos meses, julio y agosto, donde los ciclos combinados superaron el 30%. Sin embargo, entonces la capacidad instalada de las centrales de gas era la misma que en 2022 (26.250 MW), pero el potencial de generación con aerogeneradores era bastante menor (24.417 MW frente a los 28.512 MW actuales) y sobre todo con paneles fotovoltaicos ( 6.537 MW en 2022 y 17.191 MW en 2022).

2022 fue, en todo caso, el único año en el que el gas operó a un nivel similar. Anteriormente, las centrales eléctricas de carbón todavía pesaban mucho en el mix eléctrico, pero su desmantelamiento les ha dado un papel tan importante. testimonio que apenas quedan grupos operativos. El Gobierno, tras un informe de Red Elctrica, sigue con su idea de terminar lo antes posible el cierre definitivo de la fuente más contaminante, que en 2022 desplazó entre el 14,9% y el 20,6% de la producción durante los meses de verano.

Saldo con Francia

El tercer ingrediente que aviva la dependencia del gas es que su uso para producir energía es más barato que en Francia. La electricidad es más barata en España que en Francia –127,9 euros el megavatio hora frente a los 399,2 que paga el país vecino, según cifras publicadas por el Ministerio de Transición Ecológica- y París aprovecha estos «descuentos» para comprar electricidad a través de los Pirineos. Además, sirve para preparar su sistema, mucho más dependiente de las centrales nucleares, para el duro invierno que se avecina.

Francia alega paradas de seguridad en sus reactores -principalmente por corrosión, pero también porque las aguas de los ríos que enfrían sus centrales están demasiado calientes-, aunque en realidad coincidieron con la entrada en vigor del tope ibérico del gas, que abarata el precio por megavatio hora. Sea como fuere, el balance con el país galo se ha vuelto eminentemente negativo desde que se empezó a aplicar la medida.

La diferencia es aún más evidente si se comparan los datos con los de los mismos meses de 2022. En junio las exportaciones a Francia aumentaron un 143% y las importaciones cayeron un 66% respecto a lo registrado el año pasado. En julio, el aumento fue del 198% y el descenso, 91% y ya en agosto subieron al 619% y al -92%, con un saldo negativo de 1.480.173 MWh. En lo que va de septiembre, la energía eléctrica enviada ya ha aumentado un 459% y la recibida ha descendido un 94%, a pesar de que Red Eléctrica mide esta cifra en términos absolutos, por lo que parece poco probable que la tendencia cambie, cuando a partir del 22 de diciembre Se importaron 97.444,1 MWh (en 2022 fueron 1.537.095,1 MWh) y se exportaron 1.417.597 (que, pase lo que pase, será superior a los 253.796,6 MWh del año pasado).

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