El TTF, el acrónimo holandés que decide el precio de la electricidad

En las últimas semanas, la Comisión Europea, así como varias empresas, han abandonado más o menos el TTF como mercado de referencia para el precio del gas. Es una solución compleja para un mercado y un sistema igualmente complejos. Porque, de momento, es en Holanda donde decidimos el precio del gas.

TTF significa Facilidad de transferencia de título, el índice holandés utilizado para fijar el precio del gas. Por razones históricas, pero también por su ubicación -puerta de entrada al norte de Europa- ha marcado tradicionalmente el precio de este combustible en el continente. Y lo hizo a pesar de que el gas no pasó físicamente por el puerto de Róterdam. Es decir, si un comprador español compra gas, por ejemplo en Nigeria, lo suele hacer en base a este índice, aunque el barco ni siquiera se acerque a las costas del país.

Además, el TTF llegó a marcar el precio incluso cuando la indexación se basaba en otros valores, como el Brent, porque la mera existencia y «actividad» del mercado implicaba una alternativa: una Comerciante podría ofrecer el gas -adquirido, por ejemplo, a precio de petróleo, digamos 18 euros el megavatio hora-, muy cerca de lo que marcaba en su momento la TTF (digamos 25 euros) porque, si el comprador no lo aceptaba, todo lo que tenía que hacer era enviar el barco a la planta de regasificación holandesa y venderlo allí por esa cantidad. Así, se correlacionaron los precios en España y Holanda; el costo de oportunidad de mover el barco ha sido pagado.

«TTF, al final, es como una pescadería muy activa», ilustra la revuelta de javier, director de Afry Consulting. “Es un mercado que se acepta en Europa como el más representativo del valor del gas y, al ser tan líquido, se cree que siempre se puede comprar a última hora o vender a última hora. Este «mercado» es tan activo que, como publicado recientemente Expansión, en 2022 se utilizó la referencia para negociar 4.500 Gm3 (mil millones de metros cúbicos de gas), mientras que el consumo en la Unión Europea ronda los 500. La especulación se ha disparado y en las últimas semanas, además, hay una enorme inestabilidad, con subidas de precios y gotas de 50 o 60 euros durante la noche. Por otro lado, el alto precio de TTF ha reducido la liquidez, ya que ha incrementado el costo de entrada a este mercado.

El problema es que, además de la inestabilidad, empiezan a aparecer trabas físicas: las instalaciones de almacenamiento están llenas y, aunque llegara un buque metanero a España, no se podría enviar a Holanda a descargar, porque no hay donde hacer esto. “Los mercados del gas son muy especulativos”, dice Roberto Gómez-Calvet, profesor de economía de la Universidad Europea de Valencia y experto en suministro energético. Las oscilaciones que provoca esta situación son, según él, algo «demoledor para la economía», porque las empresas no saben si comprar a precio elevado o esperar. “Hay un panorama muy incierto porque con estos precios de la gasolina los números no sirven para las empresas”, dice el profesor.

tres frentes

Ahora mismo, hay varios frentes abiertos para que TTF deje de marcar el precio de la gasolina. Uno de ellos ya se está practicando en países como España: separar el precio del gas del mercado eléctrico. “Que no ‘contamine’ lo que se paga por toda la luz”, resume Javier Revuelta. El funcionamiento del mercado mayorista en el que se vende electricidad, en forma de subastas inversas, hace que el precio más caro -actualmente el de las centrales de ciclo combinado que utilizan gas para producir electricidad- sea el que aplican todas las fuentes. Si actuamos sobre las generaciones inframarginales -es decir, aquellas que ofrecen su energía mucho más barata, pero acaban revendiéndola a precio de gas, como la nuclear, la eólica o la fotovoltaica-, el impacto del combustible se reduce. Los recortes de beneficios extraordinarios o los topes de gasolina son, por lo tanto, formas de deshacerse del TTF.

La segunda, a la que aludió el presidente de Naturgy, François Reyns, en una entrevista con EL MUNDO, es «excluir la especulación del precio del gas». Eso sí, ha advertido de que ello debe hacerse «siempre teniendo como referencia el mercado» y evitando «intervenciones que pongan en peligro la seguridad del suministro». Según Revuelta, también es uno de los más complejos. En última instancia, esto significa cambiar el índice a otro mercado u obligar a TTF a dejar de marcar precios. Sin embargo, los contratos no los firman los gobiernos, sino las empresas, que serán las que tendrán que renegociar los contratos activos con los productores. «Hay que meterse en negociaciones muy complicadas que llevan años para renegociar fórmulas de precios que hacen que en vez de vender la gasolina a 200 la revendan a 25», explica la consultora. “Estás negociando con un productor que tiene algo muy valioso y le pides que modifique un contrato existente”. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, ya ha abierto la puerta a esta opción.

El tercero de estos frentes es, sobre el papel, más sencillo, pero con un importante asterisco: se trata de actuar bajo demanda. Si reduce su consumo de gas, baje su precio. Los termostatos más bajos o un plan de reducción de personal industrial serían ejemplos. Sin embargo, Revuelta advierte que, si bien a nivel regulatorio esta es la opción más sencilla, en la práctica no es lo mismo.

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